En televisión, el guión es solo una sugerencia. Durante décadas, la pantalla española ha acumulado ese tipo de instantes que ningún productor incluyó en la escaleta y que el espectador recuerda mucho después de haber olvidado todo lo demás. Momentos que no se pueden editar, no se pueden repetir y no se pueden planear.
Lo que distingue a la televisión en directo de cualquier otro formato es esa ausencia absoluta de red de seguridad. El error no se corrige: se emite. La reacción no se ensaya: ocurre. Y en esa vulnerabilidad, paradójicamente, reside parte de su poder.